Antes que nada, pido una disculpa por analizar todo desde una perspectiva bíblica y con una fuerte influencia de las creencias judeo-cristianas; pero resulta que es el contexto más cercano a mi realidad y que conozco mejor. De cualquier manera, hay cuestiones que nos son comunes a todos aunque partamos de un marco de referencia específico común a algunos y ajeno a otros, pero culturalmente accesible a todos.
Cuando participaba dentro del liderazgo de la Iglesia, había muchas cosas que me parecían parte de una vida de fe, otras un poco incongruentes y otras un poco extrañas, pero siempre dignas de ser respetadas en la vida de las personas. En la Biblia, en una de las cartas de Pablo, él aclara que el hombre natural no puede comprender las cuestiones del Espíritu, y para él, son locura; así que, cuando algo nos parecía medio loco, lo hacíamos embonar en la realidad como algo espiritual que nuestra perspectiva natural no podía entender correctamente.
El asunto es que, como lo veo hoy, el principal problema que tenemos cuando somos religiosos, es que a todo le queremos dar una explicación con los textos bíblicos para crear una realidad que nos permita seguir viviendo de la manera que estamos acostumbrados. Sin cuestionar las cosas que podrían sacudir nuestra zona de confort.
Pero después de mucho meditar, me he dado cuenta que el problema de ser religioso no está en ser religioso. O sea que el problema no es problema, como postula la filosofía Arjoniana (jaja). Lo que quiero decir es que, a veces, para entender por qué actuamos de cierta manera, debemos irnos al origen de nuestra circunstancia.
Primero, somos seres sociales; es decir, tenemos un fuerte sentido de pertenencia. Por lo que, muchas de nuestras acciones van a estar encaminadas a buscar la aceptación grupal. Pero no podemos hacer un lado nuestra realidad natural, nuestra esencia. No podemos negar lo que somos, aunque a veces lo intentemos.
Es una historia muy antigua la del hombre tratando de sublimarse por medio de normas sociales y valores que le representen como un ser superior al resto de la naturaleza. Incluso también es antigua la historia de las diversas civilizaciones tratando de mostrarse superiores a las otras en todos los aspectos; ya sea en forma violenta y manifiesta o de manera velada e influyente.
En medio de esa historia estamos todos nosotros y es nuestra obligación percatarnos de ella, de nuestra historia y realidad; porque de lo contrario, estamos dejando nuestra actividad cotidiana al gobierno de nuestro subconsciente y a los intereses, aparentemente velados, de las culturas o sociedades que esperan manipular y conquistar nuestra esencia.
Yo se que todo este rollo parece muy revuelto, pero apenas estoy sentando las bases de la reflexión de algo que considero está muy arraigado en el inconsciente de todos y cada uno de nosotros.
continuaré...
Presentación
Como la mayor parte de mis paisanos, crecí dentro de una familia católica con un padre disidente, aislado del mundo religioso, en su propio ateísmo. A la edad de siete años (más o menos) decidí seguir los pasos de mi padre y enrolarme en las filas de los desarropados por el Creador del universo; sobre todo, porque la incongruencia e ignorancia de la gente religiosa, sobre todo, de sus líderes, me causaba tal enojo, que me llegué sentir enemigo de las causas divinas.
Sin embargo, durante años busqué una respuesta a mis necesidades de trascendencia personal; me interesé en el judaísmo, en la cienciología, indagué acerca de la filosofía de los monjes tibetanos, quise tener contacto con los budistas, con los seguidores de Mohammed (Mahoma), estudié el pensamiento esotérico de los mayas, incursioné en la magia blanca, "jugué" con la ouija, tuve experiencias con los ovnis y hasta traté de reconciliarme con la religión de mi madre. Todavía sigo medio incongruente, pero creo que por fin comencé a darme cuenta que el problema está en pretender ser alguien que no puedo ser, en lugar de aceptarme como soy y encontrar mi lugar dentro del vasto universo.
Fuí pastor de "ovejas y cabritos" por más de veinte años en México y asesor en algunas comunidades de Nigeria, en ese tiempo me preparé como consejero y estudié la carrera de teología. Ahora me dedico a los medios de comunicación; terminé la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Sin embargo, durante años busqué una respuesta a mis necesidades de trascendencia personal; me interesé en el judaísmo, en la cienciología, indagué acerca de la filosofía de los monjes tibetanos, quise tener contacto con los budistas, con los seguidores de Mohammed (Mahoma), estudié el pensamiento esotérico de los mayas, incursioné en la magia blanca, "jugué" con la ouija, tuve experiencias con los ovnis y hasta traté de reconciliarme con la religión de mi madre. Todavía sigo medio incongruente, pero creo que por fin comencé a darme cuenta que el problema está en pretender ser alguien que no puedo ser, en lugar de aceptarme como soy y encontrar mi lugar dentro del vasto universo.
Fuí pastor de "ovejas y cabritos" por más de veinte años en México y asesor en algunas comunidades de Nigeria, en ese tiempo me preparé como consejero y estudié la carrera de teología. Ahora me dedico a los medios de comunicación; terminé la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
He cometido muchos errores en la vida y en el "servicio a Dios" y eso me ha hecho reflexionar sobre mi papel en la vida, por lo que he decidido plasmar estas reflexiones en el medio digital por motivos personales y por si a alguien le sirve darse cuenta que no es el único ser extraño en el mundo.
domingo, 17 de noviembre de 2013
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