Presentación

Como la mayor parte de mis paisanos, crecí dentro de una familia católica con un padre disidente, aislado del mundo religioso, en su propio ateísmo. A la edad de siete años (más o menos) decidí seguir los pasos de mi padre y enrolarme en las filas de los desarropados por el Creador del universo; sobre todo, porque la incongruencia e ignorancia de la gente religiosa, sobre todo, de sus líderes, me causaba tal enojo, que me llegué sentir enemigo de las causas divinas.

Sin embargo, durante años busqué una respuesta a mis necesidades de trascendencia personal; me interesé en el judaísmo, en la cienciología, indagué acerca de la filosofía de los monjes tibetanos, quise tener contacto con los budistas, con los seguidores de Mohammed (Mahoma), estudié el pensamiento esotérico de los mayas, incursioné en la magia blanca, "jugué" con la ouija, tuve experiencias con los ovnis y hasta traté de reconciliarme con la religión de mi madre. Todavía sigo medio incongruente, pero creo que por fin comencé a darme cuenta que el problema está en pretender ser alguien que no puedo ser, en lugar de aceptarme como soy y encontrar mi lugar dentro del vasto universo.

Fuí pastor de "ovejas y cabritos" por más de veinte años en México y asesor en algunas comunidades de Nigeria, en ese tiempo me preparé como consejero y estudié la carrera de teología. Ahora me dedico a los medios de comunicación; terminé la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

He cometido muchos errores en la vida y en el "servicio a Dios" y eso me ha hecho reflexionar sobre mi papel en la vida, por lo que he decidido plasmar estas reflexiones en el medio digital por motivos personales y por si a alguien le sirve darse cuenta que no es el único ser extraño en el mundo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Sobre los pastores y su preparación.

Pienso que uno de los temas más delicados en la fe es el de sus líderes o príncipes; porque son ellos los que marcan la pauta e influyen sobre el resto de los mortales.

Los príncipes o principales no son gente con buenas ideas, ni siquiera son los más preparados para llevar a cabo cualquier tarea. En las sociedades primitivas eran personas que destacaban por el poder o influencia que tenían sobre los demás; y la verdad es que en las sociedades modernas sigue siendo igual. Este poder puede ser real o ficticio; es decir, hasta entre los poderosos existen charlatanes o merolicos.

Antiguamente, igual que ahora, una persona obtenía el poder debido a alguno de los siguientes factores: Su fuerza, su inteligencia o su habilidad. En la Biblia leemos, en la historia de los patriarcas y los reyes, que estos eran personas destacadas por alguno de estos mismos tres factores; incluso entre los apóstoles así lo fue. Aunque no conocemos la biografía de todos ellos, por lo menos la de Pablo, que sí viene descrita en la Palabra, nos da muestras que fue un hombre que se destacó por su inteligencia y su habilidad en el manejo del Tanak.

Y si seguimos el hilo del poder hasta nuestros días vamos a ver que el caso de los pastores es el mismo; pero hay algunas consideraciones que debemos hacer respecto al contexto histórico de esta sociedad postmoderna y de lo que es un llamado por parte de Dios.

En el proceso histórico de nuestra sociedad actual, sucedieron una serie de acontecimientos que han influido en la manera en la que hoy vemos las cosas. Estos sucesos han transformado la tecnología y han ampliado nuestras posibilidades y alcance como señores de la tierra; pero, sobre todo, han acelerado el mundo de la información; lo cual ha provocado que se multiplique el conocimiento de las muchas cosas que nos rodean, sin que dicho conocimiento nos sirva para cosa alguna o bien, sin que ni siquiera tengamos la capacidad de reflexionar sin necesitamos o deseamos dicho conocimiento.

En realidad, no podemos asegurar que dichos acontecimientos nos hayan hecho peores o mejores que las personas que estuvieron en este mundo antes de nosotros; pero sí es importante que los tomemos en cuenta para entender nuestro desarrollo y contexto como seres humanos, para poder discernir porqué somos cómo somos y cómo podemos mejorar.

Algunos de estos acontecimientos más destacados fueron los siguientes: Primero tenemos el perfeccionamiento de la imprenta alrededor del siglo XVI, que permitió la impresión de una gran cantidad de libros religiosos; en donde la Biblia ocupaba el primer lugar.

Este asunto, visto desde nuestra perspectiva, parece lo mejor que nos pudo haber pasado. Y de alguna manera, así es; porque al incrementarse el número de copias de las escrituras, aumentó la posibilidad de que más personas tuvieran una Biblia a su alcance; y, así, ya no dependeríamos de lo que nos dice el otro (la trasmisión oral), que podría estar bien informado y ser un conocedor de las escrituras bien intencionado; pero que también podría ser un ignorante mal preparado o un manipulador de las palabras de nuestro Dios para sus propios intereses.

No obstante, existen algunos aspectos que no hemos considerado de este gran avance; ya que nosotros nacimos y crecimos con los libros y su lectura. Aspectos que, sin embargo, los habitantes de los siglos XVI y XVII sí se cuestionaron. Tales como la posibilidad de una mala interpretación de las Escrituras, si esta llegaba a manos de hombres indoctos, o el mal uso de este invento para promover la mentira y el deterioro moral a través de los mismos libros; tal como sucede hoy en muchos ámbitos a través del Internet.

Antes de continuar, nos debe quedar bien claro que el sistema capitalista, el sistema comunista y todos los sistemas de este mundo (aún los religiosos - incluyendo el cristianismo [que no es lo mismo que ser cristiano]) han sido modelados por Satanás a través de una distorsión de los planes y propósitos establecidos por Dios para el hombre.

La mayoría de los países en este mundo se mueven bajo el sistema capitalista, aunque casi un quinto de la población mundial (los chinos) son comunistas. ¿Pero qué tienen que ver los sistemas políticos con lo que estoy tratando de plantear? Mucho.

La idea de los gobiernos de quitar el analfabetismo de la gente no necesariamente está fundada en el desarrollo personal o masivo de los individuos de una nación, sino en la posibilidad de incrementar el mercado para la venta de los libros. Cuando la imprenta comenzó a incrementar notablemente la producción de libros, el mercado de los que sabían leer comenzó a saturarse, así que había que incrementarlo con el combate al analfabetismo.

El negocio de los libros provocó una explosión descontrolada del conocimiento; pero no del desarrollo intelectual. La inteligencia, dice Dios en su Palabra, es el apartarse del mal; pero la explosión de conocimiento no produjo tal alejamiento, sino un acercamiento a este y la confusión. Como el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, tal explosión nos permitió a los seres humanos comenzar a explorar, con mayor profundidad, estos dos aspectos del ser humano caído (el bien y el mal); aún más allá de las posibilidades de nuestra propia experiencia.

Es decir, los libros nos permiten conocer cosas que, de otra manera, no podríamos tener al alcance de nuestras manos. Una de estas posibles experiencias fue el comenzar a ver el mundo desde el punto de vista de las personas que no conocían a Dios. En 1751, se imprimieron 24,000 copias de la Encyclopédie; un compendio de conocimientos que dio lugar al movimiento de la ilustración, que motivó a muchas de las revoluciones del mundo, cuestionando el derecho divino de los reyes para gobernar. Este libro también planteaba que la religión era antagónica a la ciencia y que las cosas de Dios tenían que ver con la ignorancia y promovían la manipulación del ser humano a través de la religión.

De esos libros y del nuevo movimiento que se gestaba en Francia, tomaron su nombre los grandes compendios de conocimientos hoy llamados "enciclopedias". Esta clase de conocimiento es el que todavía se enseña hoy en día en la gran mayoría de las escuelas del "mundo libre". ¿Libre de qué? Yo me pregunto.

Antiguamente, la ciencia, las artes y la instrucción escolar iban de la mano de la fe; pero después de este movimiento, las cosas comenzaron a cambiar poco a poco hasta que la gran mayoría del conocimiento de la actualidad y la comunicación masiva quedaron divorciados de Dios.

Regresando a nuestro tema. La imprenta permitió que la información fluyera de un lado al otro; ya no sólo a través de los libros, sino también a través de los periódicos. Información que procuraba ser veraz y las mentiras, comenzaron a circular por todo el planeta. A la imprenta le siguió el telégrafo, el teléfono, la radio y la televisión. Y todos estos se convirtieron en medios de comunicación masiva que no sólo representaban la posibilidad de hacer grandes negocios a través de comercializar la información, sino también de manipularla en favor de los intereses de los poderosos de la tierra.

Dicho sea de paso, el exceso de información y basura en los medios, al contrario de lo que se piensa, no nos lleva a la información sino a la desinformación. Es decir, estamos enterados de un sin fin de cuestiones que no nos sirven para nada en la vida diaria y que ni siquiera tenemos la seguridad de que esta información sea veraz.

Los poderosos nos tienen bien ocupados con un bombardeo colosal de información que no sabemos ni cómo manejar y que, finalmente, nos sirve para muy poco; pero además nos utilizan como peones de su desarrollo económico. Están utilizando la fuerza de nuestra juventud para crear un medio de comunicación global, sin fronteras o límites de alcance, a través del cual puedan hacer circular la promoción de sus productos y su ideología. Una forma de control "democrática" más eficaz que la del "Gran Hermano" de la película 1948.

Alguna vez mi madre criticaba al extinto régimen comunista de Rusia y Cuba platicándome de los altavoces que ponían en la calle para repetir continuamente la propaganda del partido y adoctrinar a sus conciudadanos. Yo me reí en forma irónica y le hice ver que en nuestro amado sistema capitalista nos adoctrinan en la propia sala de la casa o hasta en la recámara más intima de nuestro hogar y, además, nosotros pagábamos por eso. Pagamos por el televisor que discipula todos los días a nuestros hijos, que nos dicta en qué debemos ocupar la mente la mayor parte de nuestro tiempo libre, pagamos las películas con la doctrina y los valores de una sociedad enfocada en el consumo, la rebeldía, la inmoralidad y el endiosamiento del hombre (la idolatría). Por lo menos a los comunistas les daban todo eso gratis.

Estos aspectos del manejo de la información nos permiten visualizar algunas de las perspectivas del ciudadano común (o sea, de nosotros) en el mundo posmoderno en que estamos viviendo. La posibilidad de estar conectado al centro de información más grande del planeta (La Red), es la culminación de una transformación paulatina del ser humano, de ser social-geográfico a ser global-sectario.

¿Qué quiere decir esto? Las hombres y mujeres de este mundo, cada vez más, tendemos a aislarnos del resto del mundo. Tenemos la posibilidad de tener contacto con personas de todo el orbe; pero sólo para intercambiar experiencias e información, no nos comunicamos. Es decir, no evocamos significados comunes, no nos identificamos con el otro al grado de comprometernos en una relación profunda y de apoyo mutuo. Aún en el cristianismo, la mayor parte de la gente está dispuesta a congregarse mientras no se le exija algo que no le agrade o en lo que no está de acuerdo.

Vivimos en un mundo en el que todos pensamos en nuestros derechos, pero no en nuestros deberes. Tenemos derecho a la información, al entretenimiento, a la educación, a la libertad de elegir, etc. Todo gira alrededor de nosotros mismos, de nuestros intereses, de nuestros amigos y de nuestros seres queridos. Pero Jesús dijo que si amábamos a los que nos aman, ¿qué hacemos de diferente a los del mundo?

El caso es que este estilo egoísta de vida gira alrededor del culto a la personalidad. Si a esto le añadimos una de las peores distorsiones que trajo la reforma protestante, que, al querer librar a los feligreses de las garras del clero, predicó un Dios personal (en la Biblia no se habla de Dios como un Dios personal sino corporativo -aunque para formar parte de este cuerpo el ser humano debe responsabilizarse en forma personal con Dios a través de un pacto-); entonces tenemos la combinación perfecta para justificar la falta de sujeción y de unidad en la Iglesia.

Todo esto de lo que venimos hablando, ha permitido que surjan líderes improvisados dentro de la Iglesia de Cristo, que ni siquiera cuentan con el llamado o el respaldo de Dios.

Al fin llegamos al punto.
Todos tenemos responsabilidad en esto. Lo permitimos porque creemos en un Dios personal, que está allí, dispuesto a mis caprichos, a mi disposición y a mis tiempos. Formamos parte de una comunidad virtual, porque ni siquiera vivimos cerca, ni nos vemos entre semana (si acaso una vez para realizar un estudio, los más comprometidos se reúnen también para orar de vez en cuando). Sólo nos vemos para los compromisos de la iglesia; pero no consideramos al resto de las personas como miembros de nuestra familia; es más, que ni se metan con ella (la familia) porque se las van a ver con nosotros. Los demás son ajenos, no prójimos (próximos).

Sacamos de contexto los pasajes, acomodamos las escrituras a nuestros deseos (aunque sean buenos) y le ponemos palabras a Dios en la boca, al fin que no está aquí para des mentirnos. Somos unos atrevidos, nos llevamos de piquete de ombligo con el Creador del universo, nuestro Dios personal.

El pastor nos llama la atención o nos da un consejo que no nos gusta, o predica algo que no estamos de acuerdo y entonces decimos que Dios también nos habla a nosotros y que nos dijo otra cosa diferente; de la misma manera que lo hicieron Aarón y María y que disgustó tanto a Dios. Y no estamos de acuerdo, no porque hayamos hecho un estudio exhaustivo de la Palabra al respecto del tema y nos hayamos metido en ayuno y oración para buscar la revelación de Dios; sino porque lo leímos en las Escrituras y eso fue lo que entendimos.

¿Me explico? La misma Biblia dice que ninguna profecía es de interpretación privada. ¡Ah! pero nosotros tenemos al Espíritu Santo que nos sopla. Sí. eso sí te lo sopla, pero cuando estás en medio del pecadote, allí ni los gritos del pastor se oyen, deja tú el silbido apacible, ni los gritos se oyen.

Un día, un hombre siente un llamado a comenzar una obra, o le predica a una serie de individuos que comienzan a reunirse para aprender de él. La cosa crece tanto que se vuelve una "iglesia" y el hombre un "pastor"; Dios lo levantó, decimos. Pero lo decimos nosotros, porque al fin que es un Dios personal y él me habla a mí. Me habla lo que me conviene; porque cuando no me conviene "soy de palo y tengo orejas de pescado".

Dios no opera así y no porque yo lo diga, sino porque lo podemos constatar en la Biblia. Es cierto que en el Tannak (lo que nosotros llamamos Antiguo Testamento) vemos a algunos hombres solos que comenzaron (por así decirlo) un movimiento contra todo lo establecido de su época a partir de un llamado de Dios: Abraham, José, Moisés y Samuel. Pero esto sucedió en los momentos que no había comunidades que siguieran y sirvieran a los propósitos de Dios; pero cuando las comunidades eran establecidas, el que actuaba en forma independiente Dios lo consideraba como una actitud en rebeldía; allí tenemos el ejemplo de Aarón y María, de Saúl y muchos otros.

Querer justificar nuestra rebeldía e independencia a través de estos pasajes aislados es sacar nuevamente las escrituras de contexto y manipularlas. El libro de los hechos nos muestra cómo la Iglesia (que nosotros llamamos primitiva) comenzó a funcionar a través de las comunidades y cómo eran establecidos los pastores, a través de la confirmación de los líderes que ya habían sido establecidos antes. Todos se movían coordinados, unos con otros, por el Espíritu de Dios.

La palabra nos enseña en la carta a los Efesios capítulo 4: "11- Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12- a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13- hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14- para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15- sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16- de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor."

Si no ha sido de esta manera la historia de tu liderazgo, arrepiéntete y busca que el Cuerpo de Cristo te integre a sus filas. No basta con ser un príncipe, principal, destacado o poderoso de la tierra para ser un siervo del Señor (líder o pastor). Es necesario que este reconocimiento te lo de el Señor a través de su Cuerpo. No tu iglesita, sino la Iglesia del Señor que trabaja y opera a través de las coyunturas, que son hombres y mujeres reales, de carne, hueso y espíritu y que se ayudan mutuamente dirigidos por la única cabeza que es Cristo, el único ungido, que es Jesús...

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